Somos gente espontánea, improvisada, nada formales, hospitalarios, tenemos naturaleza por doquier, sonrisas de bienvenida al viajero, aplausos en cada aterrizaje; no tanto como agradecimiento a la tripulación que nos trajo a salvo, sino como desahogo de felicidad al ver nuevamente nuestro terruño querido y el incomparable verde foresta y azul del mar que nos provoca un cosquilleo en el estomago difícil de disimular